En el gran tablero geopolítico
globalizado a menudo observamos jugadas inesperadas e insólitas. Tal
es el caso de la gran lucha mundial en pleno desarrollo entre Estados
Unidos, Gran Bretaña y la Unión Europea por un lado, y la
Federación Rusa y sus aliados por el otro.
Tal es el juego de la Guerra
Ártica que empezó a librarse, en la que ciertos eventos
aparentemente no relacionados conforman una trama sutil que cobra
nuevo sentido si se entiende cómo se mueven las piezas…
Primera Ronda en Siria: Putin: 1 / Obama: 0
En
el pasado mes de septiembre, el presidente estadounidense Barack
Obama sufrió una durísima derrota diplomática y política a manos
del presidente ruso, Vladimir Putin, en torno a la crisis en Siria y su
trágica secuela de guerra civil que ya va cobrándose cientos de
miles de víctimas... Junto con Irán y antes Irak y Libia, Siria
forma parte del grupo duro de países musulmanes clara e
inequívocamente anti sionistas.
Al permitir, por enésima vez,
que Israel y el lobby sionista dentro de EE.UU. liderado por AIPAC –
el comité estadounidense-israelí de asuntos públicos– obligue a
la Casa Blanca a priorizar los intereses de Israel por encima de los
de EE.UU., esta vez respecto de Siria, Estados Unidos se metió en
una peligrosa jugada diplomática con Rusia.
A lo largo
de 2013, esto se vio reflejado en las actitudes belicosas de Obama
ante Siria, siempre amenazando con la opción militar; siempre en
nombre de su aliado israelí cada vez más impresentable y
embarazoso. Obama terminó asomando su cabeza mucho más de la
cuenta, especialmente al saberse que los así llamados 'combatientes
por la liberación siria' mostraron su verdadero rostro ante el mundo
con su extrema brutalidad genocida, su alianza con Al-Qaeda y su
sospechado uso de armas químicas saudita-israelíes contra la
población civil en Damasco.
Cuando en septiembre se
realizaba la Cumbre de los países del G20 en Rusia, las cosas
amenazaban con ponerse realmente feas. Fue entonces cuando la
realidad finalmente se impuso y EE.UU. se vio obligado a dar marcha
atrás en sus políticas pendencieras. Ese fue el momento en que el
prestigio de Rusia y Putin rozaron nuevas alturas, al tiempo que
Obama cayó en aún más desprestigio tornándose en un presidente
crecientemente débil y controlado por el sionismo.
Segunda Ronda: ¿Preparando una trampa para Rusia?
Justo
durante la crisis siria y mientras EE.UU. declaraba su derrota en la
Cumbre del G20, ¡qué oportuno que fue que la 'ONG ambientalista'
Greenpeace 'casualmente' enviara su buque Arctic Sunrise”a
las gélidas aguas árticas a 'protestar' contra Rusia!
Su
tripulación, liderada por el capitán estadounidense Peter Willcox,
montó una grotesca tentativa de abordaje de la plataforma petrolera
Priraslomnaja, perteneciente a la empresa Gazprom controlada
por el Estado ruso, que se encontraba operando cercana a las costas
de Siberia dentro de la zona de exclusividad económica rusa.
Las
grotescas imágenes de video de media docena de tripulantes del buque
de Greenpeace colgados de la plataforma rusa como si fueran un
comando SWAT recorrieron todos los multimedios occidentales.
Sabiendo que Greenpeace no es una pacífica 'ONG ambientalist'
sino una organización de fachada que sistemáticamente se alinea con
los intereses geopolíticos del Reino Unido (y por extensión de los
EE.UU.), permite que se inserte su accionar dentro de la lógica del
Gran Tablero Geopolítico de la alianza angloestadounidense. ¿Será
que el 'furor ecologista' de Greenpeace no es más que una fachada
para actividades encubiertas del MI6, la NSA, o la CIA?
¿No resulta extraño ver que mientras Greenpeace hace mucho ruido protestando contra inexistentes daños ambientales perpetrados por Rusia (vale aclarar que no hubo contaminación petrolífera alguna proveniente de la plataforma Priraslomnaja), sin embargo jamás realiza protestas de altísimo perfil mediático tratando de abordar por la fuerza a alguna plataforma petrolera inglesa o estadounidense perteneciente a, por ejemplo, BP, Exxon o Chevron?
Esto
resulta muy sospechoso, considerando que son precisamente las
gigantescas empresas petroleras occidentales las que tienen, de
lejos, los peores antecedentes en materia de contaminación
ambiental. Así lo han demostrado las catástrofes ecológicas
causadas por la plataforma Deepwater Horizon de BP en el Golfo
de México en 2010; el buque Exxon Valdez en Alaska en 1989; y
las tres décadas de horrorosa contaminación perpetrada por Chevron
en Ecuador.
Para estos casos, la respuesta de
Greenpeace ha sido un silencio atronador. Greenpeace también se
mantuvo muda cuando el diario londinense 'The Guardian' informó en
diciembre de 2003 que el ministerio de defensa del Reino Unido "se
negó a decir si existieron cargas de profundidad nucleares a bordo
del buque de Guerra británico HMS Sheffield que fuera hundido por
las fuerzas argentinas durante la Guerra de las Islas Malvinas en
1982".
Mientras Greenpeace mantiene un
sospechoso 'discreto silencio' en torno a atroces contaminaciones en
cabeza de estadounidenses y británicos, tiene, sin embargo, todo un
historial de ruidosa militancia ecologista cuando se trata de
protestar contra países cuyos dirigentes hacen cosas que se
contraponen a los intereses geopolíticos globales de EE.UU. o del
Reino Unido.
El lector recordará, por ejemplo, el
hundimiento del buque de Greenpeace Rainbow Warrior ocurrido
en 1985 cuando trató de forzar a Francia a no realizar pruebas
nucleares en el Atolón de Mururoa en el Océano Pacífico.
Fracasaron en su intento luego que el Directorio de Seguridad Externa
General de Francia realizó una operación encubierta en la que
hundió esa embarcación. 'Casualmente', también entonces – ¡oh,
sorpresa! – el capitán del Rainbow Warrior era el mismo
Peter Willcox, hoy al mando del Arctic Sunrise. ¿Se percibe
cierto patrón en estos acontecimientos?
Ahora bien,
contrariamente a lo que hizo Francia en 1985, Rusia optó por
mantener la cabeza fría y, en lugar de hundir al Arctic Sunrise,
lo obligó a echar ancla en el Puerto de Múrmansk al tiempo que
metió a toda su ecológicamente inspirada tripulación en la cárcel
durante varios meses.
Piense el lector el circo mediático
que EE.UU. y el Reino Unido hubieran montado si, siguiendo el mal
ejemplo de Francia, Rusia hubiera hundido al intruso de
Greenpeace.
¡Qué lío que hubieran armado! Casi
podemos intuir los titulares de lo multimedios globales: "La
autoritaria y ecológicamente incorrecta Rusia ignora los derechos
humanos de un noble grupito de pacíficos ambientalistas de 18 países
de Greenpeace", y estupideces por el estilo.
Los
medios occidentales se hubieran regocijado en darle un enorme 'Cero'
a Rusia y a Putin para tirar abajo su imagen ante el mundo…
Pero no: Rusia no cayó en la trampa urdida por Greenpeace. En
vez de eso arrestó a la tripulación a la que acusó de piratería
en alta mar. Nuevamente, Reino Unido-EE.UU.: 0 / Rusia: 1.
Desde
entonces, Greenpeace se está lamiendo sus heridas montando una
campaña de burdas y flagrantes mentiras.
Un ejemplo: dado
que dos de los tripulantes del Arctic Sunrise –Camila
Speziale y Miguel Pérez Orsi– son ciudadanos argentinos, en ese
país Greenpeace ha montado una costosísima campaña propagandística
en los medios de prensa locales que muestra los rostros de estos dos
tripulantes junto con la leyenda "¿Cárcel por evitar un
derrame de petróleo? Un disparate".
La verdad, sin embargo, es otra: no
existió ni existe ningún derrame de petróleo que Greenpeace
haya "evitado". Nuevamente la pregunta se impone: ¿No
debería esta ONG fundada en Canadá, con sede en Holanda, y
financiada por EE.UU. y Reino Unido concentrar su atención más
sobre las sucias y contaminantes multinacionales petroleras en sus
propios países en lugar de andar metiendo la nariz en el lejano
Ártico?
Tercera Ronda: ¡Carrera hacia el Polo!
En tiempos recientes se le ha puesto cascabel al gato a todas estas ruidosas movidas en torno al Mar Árctico. Simplemente resulta que se han descubierto gigantescas reservas de petróleo y gas debajo de sus aguas.
Las estimaciones
hablan de 90.000 millones de barriles de petróleo (el 20% de las
reservas globales y el 13% de la provisión mundial), 1,67 billones
de metros cúbicos de gas natural (el 30% de las reservas mundiales),
más platino, oro y zinc, más...
Uno de los países que ha
tomado una posición excepcionalmente belicosa en sus reclamos de
soberanía territorial en esta región es Canadá, que más que un
país es una suerte de enclave de la Corona Británica en América y
una cabecera de playa de Estados Unidos sobre el Ártico. Uno casi
puede sentir el aliento del Tío Sam detrás de los vehementes
reclamos territoriales de la normalmente pacifica Canadá.
También
vemos al aliado en la OTAN, Dinamarca, haciendo sus reclamos a través
de la proyección territorial de Groenlandia; también al débil
aliado noruego y, por supuesto, a la superpotencia rusa que en 2007
plantó su bandera en el lecho de Ártico, más precisamente sobre el
Polo Norte. Pero también Canadá reclama el Polo Norte como suyo...
En fin, ¡¡esperemos que no lo terminen desalojando a Papa Noel
antes de estas Navidades!!
Si hay algo que nos muestra la
Historia Mundial una y otra vez es que el único idioma que la
Alianza EE.UU.-Gran Bretaña pareciera entender es el idioma de la
fuerza, o el de la amenaza del uso de la fuerza.
Se
entiende entonces otra prudente jugada del presidente Putin al
ordenar a sus militares fortalecer la presencia y defensa rusa sobre
su gigantesca esfera de interés en el Ártico a partir de 2014: una
"prioridad importante para el Gobierno para la protección de
su seguridad e interés nacional", según sus palabras.
En
meses recientes, Rusia ha empezado a formar nuevas unidades militares
en el Ártico, reinstalando bases militares en el Archipiélago
Novosibirsk y en la Tierra Franz Josef que habían sido abandonadas
tras la caída de la Unión Soviética. También empezó a restaurar
bases aéreas en la Isla Kotelny, lo que incluye preparar las
localidades de Tiksi, Naryan-Mar, y Anadyr, adecuándolas a venideras
necesidades en términos de personal y logística.
10 buques
de guerra rusos y rompehielos nucleares ya operan en esa región,
monitoreando los pasos marítimos entre los océanos Atlántico y
Pacifico, en una zona que incluye, casualmente, al Puerto de Múrmansk
(dónde hoy permanece el Arctic Sunrise silenciosamente
anclado).
Claramente, el Mar Ártico está en el centro del
radar del tablero geopolítico global. Lo que ocurra en esos parajes
en los próximos años será de enorme importancia, considerando las
maniobras y posicionamientos que pretenden lograr las potencias en
conflicto para hacer valer y consolidar sus respectivas presencias y
reclamos en esa Región, como en el resto del mundo.
Pues
cuando de petróleo se trata, Estados Unidos y Gran Bretaña
claramente han decidido militarizar su exploración, explotación,
transporte y suministro. Tal como vienen haciendo en el Océano
Atlántico Sur, apoyados sobre la poderosa base militar nuclear que
Gran Bretaña mantiene en las Islas Malvinas y la poderosa Cuarta
Flota del Atlántico Sur de EE.UU., complementada por un rosario de
bases militares que sigilosamente van instalando en Paraguay,
Argentina, Chile, Colombia y otros países de la región.
Pues
no olvidemos que en estas latitudes meridionales existe otra región
aún más vasta y rica en recursos naturales, que es la Antártida,
que no es solo un mar sino todo un continente centrado en el Polo
Sur.
En verdad, en nuestro mundo complejo todo lo que ocurre en
los desiertos calcinados de Arabia, Libia o Irak; o en las infinitas
estepas de Asia; o en las hirvientes selvas del África; o en las
Pampas barridas por los vientos sudamericanos tiene un impacto –por
ahora indirecto– sobre este nuevo frente de conflicto que podríamos
describir como las venideras 'Guerras Polares'.
Guerras
en las que participarán las superpotencias, sus países vasallos,
ONGs ambientalistas operando como fachada para los Dueños del Poder
Global, gigantescas empresas petroleras y, por supuesto, los
megabanqueros que manejan todos los hilos desde arriba; desde mucho
más arriba, por cierto, que la Casa Blanca, el Nº. 10 de Downing
Street, el Palacio del Elíseo, y la sede de Greenpeace en Amsterdam.
Adrian Salbuchi
Fuente: RT




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